Comer es un negocio serio (Sobre los Trastornos Alimenticios)

A mi me gusta desayunar con una arepa bien resuelta, con queso de mano y bastante mantequilla, y un buen plato de caraotas refritas. Estoy seguro que a mucha gente le gusta este tipo de desayunos cargados, pero también hay gente que prefiere desayunar con un pequeño plato de frutas y un vaso de leche descremada. Hasta ahí, todo normal.

Pero ahora viene la parte más escabrosa: hay gente que prefiere disminuir cada vez más sus porciones de alimentos hasta el punto en que, con tal de bajar de peso y verse “saludables”, permiten que su propio cuerpo se coma asi mismo adoptando formas cadavéricas que se ven en los niños del África, que ante la desnutrición tan severa, están literalmente “esqueléticos”. Y lo que es más triste, no se dan cuenta, que lo están haciendo mal.

La sombra de la duda se torna patológica

La sombra de la duda se torna patológica

La Anorexia y la Bulimia forman parte de los Trastornos Alimenticios, en la que las personas que lo padecen (asi es, mis queridos Bulimianoréxicos, ustedes están enfermos), tienen una percepción alterada de su conformación corporal, viéndose a si mismos obesos morbidos cuando son más delgados que un mondadientes. Esto los obliga a comer cada vez menos, sumando rutinas de ejercicio excesivamente intensas, y el uso de laxantes y enemas que provocan la disminución del peso a costa del agua corporal, o la provocación del vómito luego de comer excesivas cantidades de comida para tratar de aparentar normalidad ante la gente, induciendo así a la deshidratación, que si no es tratada a tiempo, puede provocar la muerte.

Ahora, excusando un poco mis palabras, estas personas no son culpables de estar enfermos. Los responsables son otros, y desde aquí los señalo sin pelos en la lengua. En primer lugar, tenemos a los medios de comunicación masivo, quienes han implantado en el cerebro de los adolescentes una falsa sensación de belleza por medio de la delgadez. Esto afecta primordialmente a las mujeres, quienes por querer caber en un vestido de diseño internacional, o simplemente por querer parecerse a una modelo de pasarela, se consumen a si mismas hasta poder transparentarse con una linterna sobre los huesos, solo porque esas modelos “se ven bien y triunfan en la vida”. Lo irracional de ese modo de pensar se observa todos los días en los comerciales de producto de consumo, donde el sexo se encuentra visible de manera descarada ante la asociación de un cuerpo bien formado, sin estrías, con tetas siliconadas y libres de arrugas, con el consumo de una determinada, con la satisfacción de un producto de belleza, o simplemente, con la vana ilusión de la venta de productos dietéticos “milagrosos”, que te reducen de peso en tan poco tiempo como la velocidad de un globo desinflándose.

La bomba sexy del momento

La bomba sexy del momento

En segundo lugar, la familia es la segunda responsable. Es muy común, en familias numerosas, en comparar a los miembros unos con otros. “Sutana está más delgada que tu”, o “deberías probar la dieta que hace mengana”, o similares, pueden ser el factor desencadenante en la provocación de un trastorno alimenticio. Y si a eso le sumamos familias que de por sí están pendientes de la salud corporal, como deportistas o modelos, la presión sumada en la mente del futuro ciudadano aumenta, y lo empuja a matarse para complacer a la sociedad.

Maitena, me dejas sin palabras.

Maitena, me dejas sin palabras.

Lo que me sorprende, es que cada día las adolescentes inventan nuevas técnicas para matarse, y todo con el apoyo de la Internet. Gracias a la promoción de foros gratuitos, estos esqueletos andantes promueven de manera abierta la anorexia y la bulimia a través de páginas, consejos, opiniones y tabloides, donde ayudan a las adolescentes a bajar de peso con cálculos intrincados de peso corporal asociado al uso de laxantes o enemas, a una mejor inducción al vómito, al cálculo de porciones que solo llenarían a una mosca, entre otras lindezas. Por supuesto, están las “Thinspiraciones” (Thin = delgado), en las que a través de fotografías de otros esqueletos andantes como Calista Flockhart, o una de las gemelas Olsen, logran mantener su enfermedad como proyecto de vida porque esas mujeres son famosas, tienen dinero y éxito en la vida. Y para ocultarse de los padres, utilizan el apodo de “Ana” (Anorexia) o “Mia” (Bulimia) como códigos cifrados para colocar en cuadernos o diarios que puedan estar al alcance del padre o la madre, y así crean que son simplemente amigas nuevas que conoció la enferma en la escuela.

Eso pasa por andar con malas juntas.

Eso pasa por andar con malas juntas.

Por supuesto, los varones no se quedan atrás, ya que si bien no sufren estos males en particular, si están asociados a otros trastornos. Uno de ellos es la Vigorexia, en la que, una vez más, por culpa de los medios de comunicación, los varones creen que tener el abdomen con los “cuadritos” bien duros, y los brazos tan llenos de masas musculares como La Mole, es signo de belleza y éxito con las féminas, y por ello se someten a rutinas de levantamiento de pesas intensas sumado a una dieta exclusivamente rica en proteínas, cosa que les induce posteriormente a una desnutrición por falta de glucosa, alimento vital presente en los carbohidratos, por temor a que sus poderosos gramos corporales se asocien a ese sucio elemento del cuerpo llamado “grasa”.

Esto se logra con esteroides antes del desayuno.

Esto se logra con esteroides antes del desayuno.

Y no hay que olvidar  la Ortorexia. Este trastorno puede verse aceptado socialmente hablando, ya que consiste en el consumo de dietas exclusivamente saludables, descartando el consumo de otro tipo de alimentos que puedan aumentar de peso. El problema radica en que la persona puede fallar en el consumo de su dieta, y eso le provoca un sentimiento de culpa tan intenso, que se someterá a una rigurosa rutina diaria de ejercicios y a comer mucho menos (eso si, saludable) de las porciones que solía comer previamente. Lo que puede provocar, una vez más, una mortal desnutrición.

También se han descubierto nuevos tipos de trastornos, como la Drunkorexia, en la que la falta de calorías de la dieta son reemplazadas por el alcohol (esto, una vez más, socialmente aceptado), y la Diabulimia, asociado a pacientes que sufren de Diabetes tipo 1 que, al fallar en la dieta, se someten a técnicas propias de la Ortorexia, con tal de bajar mucho más peso del que pudo haber aumentado, alterando aún más su estado metabólico.

Buscando formas más saludables de morir.

Buscando formas más saludables de morir.

Las alteraciones metabolicas de estos trastornos son severas, provocando sintomas como diarreas, náuseas, úlceras estomacales, infecciones recurrentes, hemorragias esofágicas, fracturas a repetición (se provocan osteoporosis), insuficiencia cardíaca y fallas hepática y renal, entre otros trastornos. Todo este sabroso cóctel de la muerte es ignorado por el enfermo, por lo que se requiere que la familia se deje la pendejada de comparar un miembro con otro en cuestiones corporales, y apoyen a cada individuo como ser único y repetible, inculcando formas sanas de vida sin que sea una presión sicológica aunada a la ya de por sí dura vida del adolescente.

Y para concluir, un llamado de atención: No se dejen llevar como borregos por los medios de comunicación. Los productos que se ofrecen no siempre se relacionan con la beldad o el papirruqui que se muestra en la pantalla. Cada persona es única e irrepetible, y solo se debe permanecer en un estado de peso corporal ideal a la talla de la persona. Una persona que mide 1.50 metros y pese 30 o 40 kilos no es lo mismo que una que mide casi dos metros y pese lo mismo. Para ello, existen los nutricionistas serios, que con cálculos adecuados de calorías, podrán desarrollar dietas que puedan cortar el hambre y aporten solo lo necesario para el organismo, sin que el cuerpo se someta a un proceso de desnutrición que lleve al paciente a imitar a los cadáveres ambulantes que solemos ver en determinadas pasarelas de modas.

En la proxima entrada, y hablando de nutricionistas, les contaré la historia de una chica de Estados Unidos que se ha ido ganando una fama enorme de maniática de la alimentación, que se vende a si misma como nutricionista experta, pero según las malas lenguas, somete a sus hijos a rutinas de ejercicio y alimentación exageradas por el temor a que engorden por un vulgar caramelo. Indagaré un poco más al respecto.

Bueno, tampoco se pasen.

Bueno, tampoco se pasen.

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