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Jacinto Convit: Uno de los cinco científicos.

Como si se tratara de un grupo de Power Rangers prestos a salvar al mundo, la BBC de Londres ha elegido a los cinco científicos más prestigiosos de América Latina, quedando elegido el venezolano Jacinto Convit. Con una gran cantidad de reconocimientos en su haber, y habiendo sido nominado al Premio Nobel de Medicina, este listado justifica una vez más su grandeza en el mundo de las ciencias médicas en Venezuela y el Mundo. Sin desmerecer el honor de los restantes cuatro científicos, aquí les presento esta pequeña biografía-homenaje de una de las mentes más brillantes que ha podido parir nuestra bella tierra de gracia.

Jacinto Convit nace en Caracas el 11 de Septiembre de 1913. En 1932 inicia sus estudios en la Universidad Central de Venezuela, obteniendo el título de Doctor en Ciencias Médicas, obteniendolo en 1938. Por invitación del Doctor Martín Vegas, Jacinto Convit es invitado a la Leprosería de Cabo Blanco, en La Guaira, para visitar a los enfermos de Lepra. Lo que vió lo dejó conmovido. Los leprosos, presa de la discriminación  y el estigma de esta enfermedad bíblica, eran recluidos en una especie de prisión donde pudieran terminar sus vidas alejados de la civilización, recibiendo solo los cuidados mínimos para mantenerse con vida dentro de lo que cabe en la misericordia humana. Esta visita marcaría su destino, haciéndose residente durante aproximadamente 7 años, conviviendo con estos enfermos y alumbrando su futura carrera científica.

Grande entre grandes

Formando un médico de ocho médicos (dos de ellos italianos) comenzó una cacería ardua de la cura de este mal, descubriendo que una combinación de Sulfona y Clofazimina lograba remitir las lesiones producidas por esta infección. Gracias a este aporte, Venezuela se convirtió en el primer país de latinoamérica en cerrar las leproserias, permitiendo a los enfermos volver a la sociedad.

En el año de 1947 presenta en la Organización Mundial para la Salud (OMS) un informe de sus resultados sobre el tratamiento de la Lepra, contribuyendo así al establecimiento de la Poliquimioterapia actual que es aplicada a los enfermos de Lepra en todo el mundo.

Sin embargo, el mejor de sus descubrimientos serían la vacuna contra la Lepra y la Leishmaniasis. Sobre la Lepra, durante años estuvo buscando animales que pudieran servirle para inocular el Mycobacterium leprae siendo elegido el Armadillo (conocido en Venezuela como Cachicamo), permitiendole asi sus investigaciones hasta conseguir la tan famosa vacuna. Esto le valió una nominación al Premio Nobel de Medicina en los años ochenta, premiación que aún no comprendo por qué no le han otorgado. Sin embargo, fue acreedor del Premio Príncipe de Asturias, lo cual es bastante prestigioso.

Actualmente, el Doctor Jacinto Convit continua trabajando en el Instituto de Biomedicina, ubicado en el Hospital Vargas. A sus 93 años, su mente sigue lúcida y trabajando, aportandole a Venezuela un saber único en el campo de la ciencia médica.

Para culminar, una emotiva carta que el doctor Convit le escribe a la patria que lo vió nacer, como un agradecimiento por todo lo que le ha ofrecido.

Mi querida Venezuela,

Te escribo con el objeto de rendirte cuentas sobre la utilización de gran parte de mi tiempo como médico, a partir del mes de octubre de 1938, fecha en la que obtuve el grado de doctor en Ciencias Médicas en la Universidad Central de Venezuela.

Ingresé en la misma fecha de mi graduación a la Leprosería de Cabo Blanco como residente y esto representó un hito en mi vida profesional, la que te dediqué con especial entrega desde su inicio. Las condiciones en las que se encontraba dicha leprosería eran lamentables: estaba concebida para realizar el aislamiento compulsorio de enfermos provenientes de toda tu geografía, ya que no se disponía de un medicamento efectivo para el tratamiento de la lepra, contándose únicamente con el aceite de Chaulmoogra, de muy dudosa eficacia.

El primer esfuerzo que se hizo para cambiar esa grave situación fue organizar un equipo de investigación para establecer como actividad fundamental encontrar un medicamento eficaz. Mi entusiasmo para ofrecer bienestar a tus hijos fue compartido por otros compañeros. Este equipo humano estuvo formado por ocho estudiantes de medicina de la Universidad Central de Venezuela, entre quienes permanecieron al graduarse los doctores Pedro Lapente y José de Jesús Arvelo, añadiéndose posteriormente al grupo los doctores Enrico Rassi y Zino Castellazzi, de origen italiano, y años después la doctora Nacarid Aranzazu. La búsqueda de medicamentos eficaces para el tratamiento fue larga y difícil, necesitándose como unidades de apoyo dos laboratorios: clínico y farmacéutico, lo que se resolvió con el ingreso de la doctora Elena Blumenfeld, médica, y el doctor Antonio Wasilkouski, farmacéutico, ambos de origen polaco. Siempre hemos contado con personas de otras latitudes que también han querido brindarte su amor.

Después de algunos años de investigación, logramos determinar que un derivado de un compuesto (Sulfota), Diamino-Di-fenil- Sulfona (DDS) y la Clofazimina, tenían suficiente efectividad para curar la enfermedad. Esto tuvo una feliz consecuencia: eliminar el aislamiento compulsivo y por tanto, las leproserías donde éste se realizaba.

Tú, mi Venezuela, fuiste la primera de las naciones en el mundo en mostrar que la dignidad del ser humano enfermo de lepra debe ser preservada.

En los años subsiguientes, en la década de los sesenta, llevé a una reunión convocada por la Organización Mundial de la Salud en Londres, junto a investigadores de otros países que trabajaron en un proyecto similar al nuestro, los resultados de nuestra experiencia. Se preparó un trabajo científico publicado en el boletín de esa Organización (Bull. Org. Mond. Sant, 42:667-672,1970) denominado: Therapy of Leprosy, realizado por Convit, J., Browne S.G., Languillon, J., Pettit, J.H.S., Ramanujam, K., Sagher, E, Sheskin, J., Des Souza Lima, L., Tarabini, G., Tolentino, !, Waters, M.F.R., Bechelli, L.M. y Martínez Domínguez, V.

Los avances señalados sirvieron de base para el programa de Poliquimioterapia de la Lepra, difundido por la OMS en todos los países endémicos, suministrándose sin costo alguno los medicamentos para tratar a todos los enfermos existentes.

Este programa funciona actualmente.

El objetivo más satisfactorio del esfuerzo realizado fue la eliminación de las leproserías, pasando el enfermo, de esta forma, a ser tratado en servicios de campo creados para dichas actividades.

En este aspecto deseo informarte la importancia que tienen estas actividades de campo, donde el enfermo es curado de su afección sin detener las actividades como ciudadano. Y el orgullo que sentimos en lograrlo.

Aprovecho esta oportunidad para mencionar a Alirio Lomelli, extraordinario médico cuya vocación hacia ti le permitió lograr en Trujillo, su estado natal, la más hermosa cruzada en bien de los enfermos de lepra.

También te ofrezco, Venezuela, 20 años de esfuerzo durante los cuales desarrollamos dos modelos de vacunación comparables, dirigidos al control de la lepra y Leishmaniasis, enfermedades éstas que la sufren buena parte de los pueblos que te habitan. Ambos modelos son efectivos en la inmunoterapia de dichas afecciones.

Refiriéndose a la Leishmaniasis cutánea, haz de saber que desarrollamos una vacuna que resultó muy eficaz en el tratamiento, lográndose 95% de curaciones sin fenómenos secundarios. Como esta vacuna fue concebida como un instrumento social, será por lo tanto sin costo para el enfermo. De esta manera da sido posible economizar, aun cuando somos beneficiados con tu generosa presencia de recursos, cerca de siete mil millones de bolívares anuales. Lo mejor que tienes son tus hijos, particularmente las nuevas generaciones. De ellas queremos ocuparnos con lo mejor que hemos aprendido: nuestro amor por la ciencia. Tenemos el empeño de acercar la cultura científica a las nuevas generaciones a través de documentales que favorezcan su interés por la vida, por la investigación, la solidaridad con el prójimo, el desarrollo de un espíritu curioso y crítico. Ya venimos ofreciendo dos obras: Ciencia y arte: la cruzada que devolvió los derechos humanos a los enfermos de lepra y Los secretos del volcán. Deseamos que la valoración que se tenga de tus mejores centros de saben tus universidades autónomas, sea una cultura cultivada desde tus escuelas.

Venezuela, te envío un mensaje de aliento para los pueblos que albergas:

Hay mucha gente con un lenguaje depresivo, de que estamos mal. Y creo que, al contrario, tenemos que formar a los jóvenes con la capacidad de superar las situaciones sin importar las dificultades que se encuentren. Debe haber un cambio de actitud: los venezolanos hemos sido por mucho tiempo espectadores y estoy seguro de que esa mentalidad está cambiando, hay un deseo de crecer y cultivar en tu seno mejores condiciones. No podemos seguir teniendo gobiernos que actúan como padres que lo dan todo; eso tiene que ser conscientemente descartado. Los seres humanos aman más el esfuerzo y la producción hecha por ellos mismos. No hay nada más destructivo que vivir del esfuerzo de otros.

Venezuela, tienes un grupo muy distinguido de investigadores científicos, no hay la menor duda de eso. Gente que ha producido cosas importantes. Pero la sociedad civil no ha entendido que el desarrollo de la ciencia condiciona la evolución de los países. Un país que no tenga una ciencia evolucionada será siempre un país de tercera o cuarta categoría. Todas las grandes naciones le dedicaron a la ciencia un esfuerzo gigantesco. Y aún hoy lo hacen. Es deplorable que la ciencia actual, en parte, la han dirigido para destruirnos a nosotros mismos; es decir, parte de esa investigación se realiza para la guerra.

Es ya el tiempo de que todos los que te amamos, así como a nuestro pueblo, hagamos un esfuerzo conjunto para eliminar la pobreza y la falta de una educación esmerada basada en la libertad y autonomía, como seres humanos que deben ser formados para gozar de una solidaridad profunda y de un amor hacia ti y tu naturaleza y por nuestro Dios, a fin de que sea erradicada la violencia reemplazada por un amor sin fronteras, antídoto del odio, de la envidia y de la mezquindad.

Te agradezco el haber sido formado en tu seno y el haber entendido en mi tránsito en la vida asentado en ti, que es el trabajo compartido en equipo, consciente y sostenido, el más fructífero. Ayúdanos a entender para tu mayor esplendor que eso es así.

29 de julio de 2007

JACINTO CONVIT

José Gregorio Hernández, nuestro Santo de la Medicina

El día de hoy, 29 de Junio de 2009, se conmemoran 90 años de la muerte de uno de los venezolanos más insignes, no solo del mundo de la medicina, sino de la Historia de Venezuela. Me refiero al Doctor José Gregorio Hernández, el “Venerable”, quien no solo profesó una gran vocación por la medicina, sino también una enorme devoción por la fé cristiana. A él se le atribuyen cientos de milagros en diversas partes del mundo, y actualmente, se busca su canonización definitiva por parte de Benedicto XVI para hacerle honor en la enorme corte celestial de santos, como bien se merece este humilde trujillano de hablar pausado y caminar sosegado.

El Venerable

El Venerable

Sin embargo, el día de hoy no quiero hablar de él como hombre de la fe cristiana, sino como hombre de medicina, ya que forma parte de una gigantesca revolución científica y docente que cambió, de manera significativa, los estudios médicos en Venezuela desde el sobrehumano esfuerzo del Doctor José María Vargas. A él. el “Venerable”, un pequeño homenaje, repasando los aspectos más importantes de su vida, sin desmerecer a los excelentes biografos que lo han estudiado hasta el más minimo detalle. A pesar de lo corto que será esto, a mi juicio, será más que suficiente para ser recordado como hombre de ciencia.

El 25 de Octubre de 1864, nace en Isnotú, Estado Trujillo, José Gregorio Hernández, hijo de Benigno Hernández Manzaneda y Josefa Antonia Cisneros Mancilla. En 1882, estudia Medicina en la Universidad Central de Venezuela, graduandose de Bachiller en Ciencias Médicas el 19 de Junio de 1888, y obteniendo el Doctorado en Ciencias Médicas el 29 de Junio de ese mismo año, sorprendiendo a sus examinadores ante su tranquilidad a la hora del interrogatorio y a su capacidad para convertir en un monólogo fluido todas sus respuestas, obteniendo los máximos honores en su calificación.

Luego de haber regresado a Isnotú para ejercer como médico, recibe una nueva orden, esta vez de parte del Presidente de Venezuela de esa época, Juan Pablo Rojas Paúl. El Doctor Calixto González lo ha recomendado para viajar a Paris a actualizarse en los últimos adelantos científicos y médicos que imperaban en ese entonces, con el objetivo de que a su regreso, instale un laboratorio en el recién construido Hospital “José María Vargas” y se convierta en profesor en Microscopía, Bacteriología, Histología Normal y Patológica y Fisiología Experimental de manera inmediata. Llega a Francia en Noviembre de 1889, donde permanecerá por dos años bajo la supervisión del profesor Mathias Duval en un laboratorio de Histología y Embriología. Así también, trabaja en el laboratorio de Fisiología Experimental del profesor Charles Richet. Cabe destacar que para la misma época, también estudiaban en Paris otros médicos venezolanos de gran envergadura, como Pablo Acosta Ortiz, Santos Dominici y Luis Razetti. Quizá como curiosidad, el Darwinismo, imperante en Francia luego de la postulación de la Teoría de la Selección Natural, y que tuvo en Mathias Duval a un gran entusiasta, no produjo ningún efecto en José Gregorio Hernández, quien se mantuvo impermeable a esa teoría, debido a su fe cristiana férrea y su apego por el creacionismo.

Nada lo alejó de su creencia creacionista

Nada lo alejó de su creencia creacionista

En 1891, regresa a Venezuela cargado de una gran cantidad de materiales de laboratorio, sustancias químicas y una biblioteca, para cumplir la orden presidencial de la instalación del laboratorio, salvo que esta vez, por orden del Presidente Raimundo Andueza Palacios, es instalada en la Universidad Central de Venezuela, además de que fue nombrado inmediatamente como Catedrático de Histología Normal y Patológica, Fisiología Experimental y Bacteriología. Así, se da inicio el proceso de cambio en los estudios médicos en Venezuela, luego de un estancamiento en su desarrollo desde 1827, cuando José María Vargas reforma los estudios médicos de la época. Su método de enseñanza era teórico y práctico. Practicó la vivisección para el estudio de la fisología, y realizó preparaciones histológicas de tejidos sanos y enfermos. Sus clases fueron recopiladas por los estudiantes en un libro titulado “Lecciones de Bacteriología”, ampliamente elogiado por el prólogo de Luis Razetti.

José Gregorio Hernández fue un hombre muy parco al hablar, pero cuando abría la boca, hablaba de forma contundente. De él, existen testimonios del amplio sarcasmo utilizado con sus estudiantes cuando estos no rendían correctamente o cuando se dejaban llevar por la indisciplina. SComo ejemplo, un estudiante reprobado en un examen final esperó al pie de unas escaleras a que bajaran los examinadores para hacer el reclamo. El primero en bajar fue José Gregorio Hernández, quien fuera juez del muchacho, y este le pregunta: “Quiero saber el nombre del que me reprobó”, a lo que contesta Hernández: “De su nota, estuvimos de acuerdo todos los examinadores”, dejando indefenso al pobre bachiller.

José Gregorio Hernandez fue un maestro severo, pero justo.

José Gregorio Hernandez fue un maestro severo, pero justo.

Se dice que en 1912, cuando la Universidad Central de Venezuela cerró sus puertas por la orden del dictador Juan Vicente Gómez, José Gregorio Hernández dijo, en su muy peculiar estilo: “Eso es un crimen”. Aún en su postura “casi” sumisa, el haber dicho estas palabras hubiera sido la perdición para él.

Un contraste peculiar, era su amistad con Luis Razetti. Este último era un volcán en erupción. Vociferaba, buscaba la controversia, tenía un verbo encendido y una energía inagotable, y siempre buscaba debatir con José Gregorio Hernández sobre la Teoría de la Descendencia, producto del Darwinismo, pero Creacionista hasta la médula, el Venerable siempre cercenaba sus ganas de debatir. Entre otras anecdotas, se dice que Hernández metía en secreto estampitas de la Virgen María en el bolsillo del saco de Luis Razetti, esperando que fuera iluminado y consiguiera el camino correcto, pero siempre que las encontraba al llegar a casa, las guardaba en un pequeño empaque de estampitas, todas dadas por él, como “vainas de Hernandito”.

A pesar de sus diferencias Luiz Razetti y José Gregorio Hernández fueron grandes amigos.

A pesar de sus diferencias, Luis Razetti y José Gregorio Hernández fueron grandes amigos.

Todas las mañanas, salía de su casa temprano para caminar por La Pastora, deteniéndose en casa de los enfermos para darles atención médica, siendo llamado por los familiares en cuanto lo veían pasar frente a la ventana. En ocasiones, cuando la familia no podía comprar los medicamentos, él mismo se dirigía a la botica a comprarlos. Una vez atendido el paciente, a veces trabajando gratis, se dirigía a su casa a almorzar e indicar la lección a su preparador, el entonces estudiante Rafael Rangel, para después dirigirse a la Universidad a impartir la clase. Finalmente, luego de una nueva visita a sus enfermos, volvía a casa a encerrarse en su habitación, para repetir la misma rutina una y otra vez.

Para 1918, aparece la terrible epidemia de Gripe Española en nuestras costas. José Gregorio Hernández forma parte de los médicos que atienden a los enfermos de este mal, aceptando, por primera vez, el uso de un automóvil para poder trasladarse de un lado a otro, ya que no podía atender a tal volumen de pacientes a pie.

El fatídico día llegó el 29 de Junio de 1919, cuando, luego de atender a un paciente, se dirige a la botica para comprar el medicamento prescrito. Aprovecha para cruzar la calle cuando observa que el tranvía se detiene para descargar y cargar pasajeros, pero no pudo ver como un automóvil avanzaba por el carril contiguo a toda marcha. Del golpe, el doctor sale despedido y se golpea la cabeza repetidas veces en la acera. El conductor del vehículo homicida y su acompañante se bajan del auto y socorren a José Gregorio, llevándolo de inmediato al Hospital Vargas, pero ya nada se pudo hacer. Luis Razetti, luego de examinarlo, declaró a José Gregorio Hernández muerto.

Toda Caracas lloró a este hombre ejemplar, como si se tratara de un gran héroe de la Independencia.

Actualmente, sus restos reposan en la Iglesia de La Candelaria, en Caracas, desde donde los feligreses le ruegan que pase a la cama del enfermo para que los salve del mal que los aqueja. Según dicen sus deudos agradecidos, sigue caminando como siempre, atendiendo a todo aquél cuyo familiar lo detiene, en cuanto pasa por su ventana.